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La Luz del mundo (para niños) (NUEVO)
Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, en una tierra llamada Israel, un grupo de niños jugando. No había nada mejor para ellos como juntarse para recordar las historias del pasado que sus padres le contaban: Moisés sacando al Pueblo de Dios de en medio de Egipto, Josué deteniendo el sol con su fe para que no anocheciera, el pastorcito David derrotando al gigante que se burlaba del Señor y muchas otras, eran sus preferidas. Un día Malaquías hacía de Sansón venciendo a los filisteos y al otro le tocaba a Samuel hacer del sabio Salomón.

Todos los días revivían una aventura, nunca se cansaban de esto.

De pronto vieron que la gente grande se reunía en un lugar en rededor de alguien que ellos no conocían. Fue Simeón quien les propuso a sus amiguitos: "¡Vayamos a ver quién es!" Cuando se acercaron a cierta distancia de este hombre, los padres de los niños los tomaron de la mano y trataron de acercarlos a su presencia. Raquel preguntó a su mamá: "¿Quién es?". Entonces su madre le respondió: "Este es Jesús Nazareno, el Hijo de Dios".

Fue sorpresa para los padres de los chicos que los colaboradores de Jesús no querían que se le acercaran. Decían: "¡No molesten al Maestro!". Pero Jesús ama a todas las personas por igual, ¡inclusive a los niños! Y no quiere que ninguno de ellos se pierda. Así que dijo a sus compañeros: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de ellos es el Reino de Dios. En verdad les digo que el que no se vuelve humilde y sencillo como un niño, no entrará en el cielo." (Marcos 10:14-15 VLA).

Todo el grupo de amiguitos se pusieron por demás contentos. Estaban delante de Jesús, el Hijo de Dios, quien sin dudarlo los tomaba en brazo y los bendecía, es decir, oraba por ellos para que estuviesen bien. Él les demostró que los amaba con todo el corazón. Luego les dijo a todos ellos: "Yo soy la luz del mundo, el que viene conmigo, no se perderá en la oscuridad de este mundo." Débora rió y dijo: "¡Ja-ja! ¡Pero Señor! Si es de día, y de noche encendemos fuegos para ver". Jesús le respondió sonriendo: "Les hablo de la oscuridad espiritual. Este mundo tiene todo su ser interior oscuro por el pecado." "¿Cómo es eso?", preguntó Malaquías. Jesús les dijo: "Cuando la gente hace lo que a Dios le desagrada, está haciendo un pecado. El pecado es desobedecer a Dios. Eso a Él lo angustia y por eso debe castigar a los que hacen el mal. Pero toda la gente ha hecho mal alguna vez." Miqueas aseguró: "Yo siempre me porto bien." Jesús le respondió conociéndolo muy bien (porque el Señor conoce a toda la gente): "¿Eso quiere decir que nunca has dicho una mentira? ¿Nunca una mala palabra? ¿Jamás desobedeciste a tus padres? ¿Siempre hiciste todo lo bueno?". Entonces Esther aseguró: "¡Entonces estamos todos mal!" Y la gente sonreía pero reconociendo que esto era cierto.

"No se pongan tristes ni preocupados –dijo Jesús- porque de tal manera amó Dios al mundo, que a pesar de ser pecadores, me ha enviado para que todo aquel que confía en mí, no se pierda, sino que tenga vida eterna allá en el cielo." (Romanos 5:8 – Juan 3:16). "Si reconocen que son pecadores, se arrepienten de sus maldades y me reconocen como su único Salvador, Dios los perdonará y los convertirá en personas nuevas. Todo lo malo que hayan hecho quedará en el pasado. Entonces, ¿quién quiere seguirme?"

Tiempo después, el Señor Jesús, fue tomado prisionero por gente que estaba muy enojada con Él porque era bueno y no querían que dijese que era el Hijo Dios. Lo acusaron de cosas que nunca hizo ni dijo y lo castigaron aunque era inocente. Lo golpearon, lo lastimaron, le pusieron una corona de espinas y lo clavaron en una cruz de madera, burlándose de Él.

Todos lo que lo conocieron, se pusieron muy tristes por lo que sucedió. Jesús murió allí en la cruz y fue sepultado, aunque nada hizo para merecerlo.

Pero, para sorpresa de todos, ¡al tercer día resucitó de entre los muertos! Era tan justo que la muerte no lo pudo retener. ¡Jesús volvió a la vida!

Los niños que lo conocieron, al saber esto que pasó se alegraron mucho pues entendieron lo que Él les dijo: "No hay amor más grande que este: que uno ponga la vida por sus amigos." ¡Jesús había dado su vida por ellos, por todos, por ti y por mí! El perdón de Dios por todas las cosas malas que hemos hecho consistía en que alguien recibiera el castigo que nosotros debíamos recibir. Su Hijo pagó por nuestros pecados derramando su sangre en la cruz y resucitó, para que todo aquel que se arrepienta y ponga fe en su obra, no sea condenado, sino que tenga vida eterna.

Jesús amó a los niños, les habló para que ellos tuviesen la luz de su Palabra porque todos necesitamos de Él. No solo puede ser tu Señor, sino también tu amigo personal. Quiere cambiar tu vida.

Si crees en que Jesús es el Salvador, cierra tus ojos y dile creyendo plenamente que te escucha: "Señor, reconozco que he pecado, que he hecho muchas cosas malas. Te pido perdón y te doy gracias porque moriste en la cruz para salvarme. Hoy mismo te recibo como mi Señor y Salvador. Quiero seguirte, hacer tu voluntad, aprender a vivir como a ti te gusta. Quiero ser tu amigo porque se que me amas. Amén."

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Comentarios
Mirna Machiedo 03 de Mayo de 2010 a las 18:14 Hs.
Me gustaría mucho recibir material para la escuelita dominical. Estoy como colaboradora en la clase de 9-12 y me encantaría que me acerquen ideas de evangelismo infantil. Gracias. Mirna.
Marta 01 de Febrero de 2010 a las 15:51 Hs.
me parecio bueno ya que cuando conocemos al señor pensamos que no mentimos pero si somos pecadores
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