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13 - SUDÁFRICA - SIDA
La República de Sudáfrica tiene una población de 39,300,000. El 66% de ella está formada por diversas comunidades bantúes, entre los cuales las más numerosas son los xhosa y los zulú. Tiene tanta variedad de razas, tribus y culturas que muchas veces ha sido llamada

"Un mundo en un país" Aunque es uno de los países más ricos y más poderosos del continente africano, la mayor miseria existe al lado de la riqueza enorme y la tecnología de última generación. La constitución liberal del país garantiza el respeto de todos los derechos humanos y la plena libertad de predicar y enseñar la palabra de Dios. La obra de las asambleas de los hermanos libres ha sido muy fructífera, especialmente entre las comunidades de color y los zulú en KwaZulú, Estado de Natal.

Hace más de 36 años el Doctor Cirujano Terry Gilpin fue encomendado de las asambleas de Irlanda del Norte. Desde ese momento ha trabajado en el Hospital Múrchison junto con el equipo de hermanos y hermanas dedicadas a esa obra. Además hace un aporte muy valioso a la obra espiritual de las asambleas. En un informe extraído hace tiempo de Medical Misssionary News (Noticias Médicas Misioneras) de nuestras asambleas el siguiente párrafo conmovedor fue publicado en Campo Misionero.

¿Por qué a mí me pasó esto?
Thembi estuvo devastada. Los planes que había hecho esta hermosa chica de 19 años parecían alcanzar el futuro lejano. Sin embargo, frente al progreso de la tos crónica y la diarrea, el diagnóstico se hizo claro. Thembi tenía SIDA. La noticia le despertó emociones de duda, enojo, y de incredulidad que amenazaron aplastarla.
Este escenario triste se repite miles de veces todos los días en el Africa desde el desierto de Sahara al Cabo de Buena Esperanza donde viven dos tercios de las personas que padecen del SIDA de todo el mundo. Un tercio de las mujeres que llegan a los centros de control antenatal son HIV positivos.

Los huérfanos del SIDA se encuentran en todos partes y está pronosticado que para el año 2003 la cantidad de casos se multiplicará seis veces más. Tal como comentó Nelson Mandela , "El SIDA representa la amenaza más grande a nuestra supervivencia".


Ya pasaron tres años y los casos siguen multiplicándose.

¡Más fuerte que un tsunam!
El hermano Gilpin relata en un informe reciente los siguientes datos sorprendentes que revela la magnitud de este flagelo moderno.

El 26 de diciembre de 2004 había la erupción una serie de tsunami en el Océano Índico causó la muerte repentina de miles y miles de personas y destrucción a países que están en distintos continentes. En respuesta a la necesidad el mundo respondió con la operación rescate más grande de la historia. Esto trajo alivio inmediato a muchas personas y la posibilidad de planificar y reconstruir el futuro.

De acuerdo con la revista WHO (QUIÉN), la devastación producida por el SIDA equivale al tsunami de diciembre 26 de 2004 CADA 15 DÍAS. En 2004 más de 3 millones de personas murieron de la enfermedad.
El cono sur del continente africano tiene dos tercios de todos los casos del mundo. Se registran 2000 casos nuevos cada día. Dicho de otra manera, el 50% de todas las personas de 15 años no vivirán a cumplir los 25 años. ¡¡Que estadística devastadora!!
El virus HIV no es más un misterio. Sabemos lo que es, como se reproduce, el daño que hace, y como prevenirlo. En todo el mundo la extensión de la enfermedad origina en ocultarla, el prejuicio, el miedo, la ignorancia, la negación, la violencia, y el abuso muy especialmente hacia las mujeres y niños.

¿Cuales son las lecciones morales y espirituales? ¿Es un castigo de Dios? Tres principios bíblicos pueden guiar nuestra respuesta al SIDA y el resultante "tsunami" de sufrimiento.

1. El pecado destruye. Hay una ley de sembrar y cosechar. Como con el alcoholismo y el juego, aquellos que viven fuera de los limites puestos por Dios descubren que hay un precio que pagar.
2. El pecado puede ser perdonado. Ningún pecado es más grande que la gracia de Dios, y miles de víctimas del SIDA pueden testificar al poder salvador y limpiador del evangelio. Pero el pecado deja cicatrices. Tal como el alcohólico vive con la cirrosis y muere de él así también la víctima del SIDA vive con el HIV y muere de él.
3. El pecado desborda. Las víctimas inocentes de esposos infieles sufren. Así también los bebés no nacidos aun. No tiene ninguna culpa. Solo pertenecen a la raza humana caída. Un de cada tres bebés cuya madre es HIV positivo serán positivos también. En Mateo 8:1-4 el gran medico divino se encontró con un hombre que tenía la incurable y sucia lepra, en muchos aspectos el equivalente antiguo del SIDA moderno. El ejemplo de Cristo nos enseña mucho sobre la forma de tratar a aquellos que padecen de esta "lepra" moderna.

Su predisposición. "Quiero" Esta predisposición como la de Cristo involucra la voluntad, nace de la obediencia y conduce a la acción tanto práctica emocional y material.

Su amor. Jesús extiende su mano y le toca. El contacto dice "Me importas" Te quiero por causa de Cristo. Ningún ministerio hacía los víctimas del SIDA tendrá la bendición de Dios salvo que nace de un corazón lleno del amor de Cristo.

Su comprensión. El Señor le dijo "Sé limpio" ¿Por qué "limpio" y no "sano"? Sencillamente, porque fundamentalmente, todas las enfermedades son el resultado del pecado y necesita limpieza. Solo el mensaje limpiador del evangelio puede sanar donde duele al nivel más profundo del ser humano y proporcionar paz, esperanza, seguridad y gozo aun.

Aquí en Sudáfrica paulatinamente nos estamos moviendo del rol de apoyo que buscaba ayudar a las personas en su dolor miedo y confusión el cual nos concedió muchas oportunidades para predicar el evangelio, a tomar el papel actual de proveer tratamiento y rehabilitación. Abundan los desafíos. Cuando inicio el tratamiento de terapia anti- retroviral a mis pacientes, con frecuencia les hago un desafío. Les digo "Dios le ha dado una segunda oportunidad de vivir" ¿Qué hará Ud. con esta oportunidad? De ahí resulta fácil insistir en la necesidad de confiar en Cristo para vida eterna y "remachar" los derechos de Cristo sobre su vida.

El mundo sigue limpiando y ordenando los lugares que sufrieron los irresistibles embates del tsunami y luego la vida continuará. No así, para los 40 millones en el mundo que viven con el SIDA. Para la mayoría no hay esperanza de sanarse, solo un futuro inseguro y corto de la enfermedad y el dolor progresivo. ¿Estamos dispuestos a ayudar? ¿Seríamos capaces de amarles por causa de Cristo? No podemos sanar ni ofrecer un futuro mejor, pero quizás pudiéramos guiarles a encontrar la limpieza y la esperanza de un futuro eterno.
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